¿Murciélagos?

Abril 2020

Esta es la historia que he presentado para el concurso literario organizado por la editorial Zenda e Iberdrola.
El relato debía de contener 1000 palabras y hablar sobre la intervención de algún héroe (ficticio o real) frente al Coronavirus.
¿MURCIÉLAGOS?
Mientras la mejor pareja de alpinistas de España se encontraba en Nepal disfrutando de su luna de miel, Italia registraba los primeros muertos en Europa por un virus originado en China. Carmen García sabía que el Doctor Stephen Vincent Strange era el único que podía ayudar en la inminente crisis sanitaria, económica, laboral, política y ética a nivel global.
Su marido José Gascón, capitán de infantería, había estudiado cada centímetro del Himalaya y sabía que era una insensatez tratar de buscar el templo de Kamar-Taj, muchos escaladores habían perdido la vida en aquellas montañas. Carmen, sargento del GAR, le convenció fácilmente tras una agitada noche de recién casados y un razonamiento de probabilidad:
Si la epidemia golpeaba al país vecino sería cuestión de horas que llegase a España, tanto José como Carmen habían jurado bandera y estaban comprometidos por voluntad propia a entregar su vida si fuera necesario por la defensa del país.
Tras diez días agotadores en los que contaron con muy poca comida, mucho frío y apenas descanso, el capitán y la sargento, gracias a su disposición y talante lograron encontrar el templo en el que se refugiaba el Dr. Strange.
José golpeó la puerta varias veces con las pocas fuerzas que le quedaban.
– ¿Quién se atreve a alterar mi meditación? -Vociferaba el Dr. Strange.
– Discúlpenos Doctor, soy la sargento García y he venido con mi marido el capitán Gascón a comunicarle que una pandemia está matando a los ciudadanos orientales, occidentales, jóvenes, mayores, ricos y pobres del planeta Tierra. ¿No conoce estos datos? -Preguntaba Carmen.
Inmediatamente se abrieron las puertas del templo.
– ¡Vamos, no hay tiempo que perder! -Exclamaba el doctor mientras les estrechaba las manos- Hace apenas un mes vencimos a Thanos, no me puedo creer que otro mal ande suelto. Siéntense, los monjes les servirán agua y comida.
Strange alterado fue a la habitación a colocarse su característico colgante “el ojo de Agamotto”, el ojo que todo lo ve, el cual contiene la gema del tiempo, un arma de sabiduría que entre otras funciones visualiza algún acontecimiento importante del pasado y puede crear portales interdimensionales para teletransportarse.
– ¡Estamos ante la tercera guerra mundial sin necesidad de balas, ni bombas!– Gritaba mientras observaba la caótica situación en todos los países del mundo.
Durante diez minutos analizó todas las imágenes que le mostró el colgante de Agamotto.
Salió de su habitación con paso ligero en dirección a la sala donde se encontraban la sargento y el capitán.
– Verán, me quité el colgante para abstraerme durante unas horas porque la muerte de Tony Stark no la llevo demasiado bien y ha pasado un año. Los monjes tienen completamente prohibido acercarse a mi cuando me encuentro concentrado, de modo que si ustedes no hubiesen venido aporreando mi puerta, yo continuaría ausente a la existencia terrenal.-Confesaba el doctor.
– No se culpe, cada uno necesita su tiempo para asumir la pérdida de los seres queridos, de las personas imprescindibles. -Intervenía Carmen.
– ¿Ha podido ver lo qué está sucediendo? Hace días nos quedamos sin batería y no sabemos nada de la evolución del coronavirus. -Preguntaba José algo alterado.
– Sí. Nos encontramos ante una guerra con armas bacteriológicas diseñada por China con dos objetivos: regular la superpoblación que sufre y enriquecerse. El virus está acabando con cierto porcentaje de los ciudadanos y los grandes mercados han vendido sus negocios a mitad de precio debido al pánico. China ha obtenido empresas de alimentación, automoción, material sanitario, energía y tecnología de la información para controlarlo absolutamente todo. -Explicaba el doctor.
– Nosotros no hemos escuchado nada sobre una posible guerra. Lo único que sabemos es que el primer contagiado comió murciélago –Comentaba Carmen.
-Eso es lo que los medios de comunicación vendidos al mejor postor deben decir, pero no es la verdad. Es una guerra sin invasiones ni tanques, pero con secretos, estrategias, engaños, intereses, miedo y todos los países están implicados. El paciente cero es un científico reconocido al que sus compañeros le tendieron una trampa influenciados y pagados por el gobierno comunista chino. Le mezclaron un potente somnífero en su botella de agua para poder vacunarlo inconsciente y que él empezara a extender el contagio. –Aclaraba el doctor.
– ¿Entonces no comen murciélagos? A mi me había parecido bastante siniestro. – Preguntaba el capitán.
– A los occidentales con falta de cultura les causa repulsión algunas prácticas gastronómicas orientales, como ranas crudas, sopa de murciélago, ratas braseadas, culebras, ciempiés, incluso perros. –Respondía el doctor con cierta irritación.
– Doctor ¿qué piensa hacer? ¿Va a viajar China? – Preguntaba la sargento cambiando el tema de conversación.
– Si, concretamente al 2 de diciembre. En Wuhan empezó todo, exactamente en uno de los laboratorios de investigación virológica más importantes del mundo, donde estudian las enfermedades más contagiosas y peligrosas como el ébola y el covid- 19. –Puntualizaba el doctor.- Saben que cuando solucione el problema en el pasado cambiará el presente, por lo tanto ustedes nunca me habrán conocido.
La sargento se levantó de la silla y abrazó al doctor.
– Doctor Strange, gracias por salvar a la humanidad – Respondía el capitán apretándole la mano.
El doctor extendió al frente su mano derecha e hizo círculos con la izquierda creando una especie de agujero llamado portal, saltó dentro y apareció en la sala de bacteriología del laboratorio de Wuhan cuatro meses antes. Estaba solo de modo que nada entorpeció su plan: Giró las cámaras de vídeo sin ser grabado, confiscó todas las pruebas y el material peligroso para tenerlo a salvo, creo otro portal y volvió al templo.
Nunca hubo Coronavirus.
El último día de vacaciones de Carmen y José se encontraban en un restaurante esperando la cena cuando un camarero les sirvió unos platos que ellos no habían pedido.
– Pruébenlo, invita la casa. Y gracias por todo. -Decía el extraño camarero.
– ¡El camarero se parece al famoso Doctor Strange! -Gritaba Carmen emocionada.
– ¡Sopa de murciélago! -Leía desconcertado José en la nota que acompañaba al plato.
Carolina Gascón.